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Laboral

En Jalisco protestan madres buscadoras por retraso en entrega de cuerpos

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Los manifestantes señalaron que hay casos en los que hay cuerpos identificados desde hace dos años y no se les han entregado a sus familiares

Integrantes del Colectivo Madres Buscadoras bloquearon esta mañana la avenida Lázaro Cárdenas, a la altura del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF), en Tlaquepaque, para exigir hablar con el director de la dependencia, Gustavo Quezada, para que se les entreguen los cuerpos que están en resguardo del instituto y ellos han logrado identificar a través de tatuajes.

Los manifestantes señalaron que hay casos en los que hay cuerpos identificados desde hace dos años y no se les han entregado a sus familiares a pesar de que ellos han realizado la identificación plena, bajo el argumento de que aún no se realizan las confrontas genéticas; además, denunciaron que hay personal del instituto que ha pedido a algunas familias hasta 20 mil pesos para agilizar los trámites para entregar los cuerpos.

No es la primera vez que familiares de personas desaparecidas señalan la dilación del IJCF en la entrega de cuerpos que ya están reconocidos y aunque se ha denunciado que existe falta de personal para poder realizar los dictámenes periciales que corresponden a los cuerpos que ingresan al Servicio Médico Forense, las autoridades estatales niegan que exista una crisis forense en la entidad.

Tras una hora de bloqueo, personal del IJCF atendió a los manifestantes, que nombraron una comisión para entrar a dialogar y liberaron la avenida, sin embargo no hubo mayor acuerdo que el de revisar caso por caso.

Según el portal del IJCF, la institución tiene a su resguardo los restos y segmentos anatómicos de 4 mil 78 Personas Fallecidas Sin Identificar; en tanto, en su apartado de transparencia no precisa con cuántos peritos cuenta en las áreas dedicadas a la identificación de personas.

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Empresas

COBROS, PRESIÓN Y OPACIDAD: TRABAJADORES APUNTAN A CARLOS GAMBOA Y MIGUEL MENESES COMO RESPONSABLES DE PRÁCTICAS IRREGULARES EN COREMEX

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Las acusaciones contra COREMEX continúan escalando y colocan en el centro de la discusión a dos de sus principales involucrados: El líder sindical Miguel Meneses y el delegado en planta Carlos Gamboa. De acuerdo con múltiples testimonios, ambos estarían vinculados a un esquema donde el cobro de cuotas, la presión sobre trabajadores y la falta de transparencia forman parte de una misma dinámica.

Uno de los señalamientos más recurrentes es la presunta exigencia de pagos a cambio de “protección” dentro de los centros de trabajo. Trabajadores describen un patrón donde dirigentes o personas vinculadas al sindicato solicitan dinero o firmas bajo la advertencia implícita de evitar conflictos laborales. Este tipo de prácticas, aseguran, genera un entorno donde la decisión no es libre, sino condicionada por posibles consecuencias.

En paralelo, el cobro de cuotas sindicales ha sido otro foco de inconformidad. Los trabajadores señalan que estos pagos son elevados y constantes, pero que no existe información clara sobre su destino. No hay rendición de cuentas, ni evidencia de que estos recursos se traduzcan en beneficios reales para la base, lo que ha alimentado una percepción de opacidad dentro de la organización.

Para los denunciantes, la relación entre ambos elementos es evidente. Los cobros no sólo son altos, sino que se realizan en un contexto donde cuestionarlos puede generar problemas. Esta combinación ha llevado a muchos trabajadores a percibir al sindicato no como un respaldo, sino como una estructura que impone condiciones y concentra beneficios.

En este escenario, los nombres de Carlos Gamboa y Miguel Meneses aparecen de manera constante como responsables de esta forma de operar. Los testimonios los ubican como figuras clave en la toma de decisiones y en la consolidación de un modelo donde la información se restringe, los recursos no se explican y la base queda al margen.

El ambiente interno descrito por los trabajadores refuerza esta percepción. De acuerdo con los relatos, existe una presión constante para evitar que estas prácticas se cuestionen abiertamente. El silencio se convierte en una herramienta de supervivencia dentro de una estructura donde exigir claridad no siempre es bien recibido.

Sin embargo, la acumulación de denuncias comienza a romper esa dinámica. Cada vez más voces coinciden en señalar que no se trata de hechos aislados, sino de un patrón que se repite: cobros sin explicación, presión para aceptarlos y una dirigencia que no rinde cuentas.

Para los trabajadores inconformes, la conclusión es directa: cuando un sindicato cobra, presiona y no explica, deja de ser una herramienta de defensa para convertirse en un mecanismo de control.

Y en ese modelo, los nombres de Carlos Gamboa y Miguel Meneses ya no pasan desapercibidos… se convierten en el centro del cuestionamiento.

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Empresas

Denuncian que COREMEX recurre a terceros para presionar: el sindicalismo llevado al límite

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Entre los señalamientos más graves que pesan sobre COREMEX se encuentra la presunta contratación o utilización de terceros para presionar e intimidar a trabajadores, una práctica que, de acuerdo con denuncias, busca forzar la aceptación del sindicato mediante el miedo y la amenaza implícita.

Trabajadores y extrabajadores aseguran que, en momentos de conflicto, aparecen personas vinculadas a entornos violentos o actividades delictivas, sin relación formal con la empresa ni con el sindicato. Su presencia, afirman, no es casual: llega cuando la afiliación es rechazada o cuando se cuestiona abiertamente la actuación de COREMEX.

Estos individuos no hablan de derechos laborales ni de contratos colectivos. Hablan de “conveniencia”, de “evitar problemas” y de “alinearse”. El mensaje es claro, aunque nunca se formule de manera directa. “No te dicen qué va a pasar, pero te dejan claro que algo puede pasar”, relata un empleado.

Analistas señalan que este tipo de prácticas buscan evadir responsabilidades legales, utilizando intermediarios para generar intimidación sin dejar rastro directo. El sindicato no amenaza oficialmente, pero el efecto se produce igual: miedo, sumisión y silencio.

Las denuncias indican que estas tácticas han provocado que trabajadores firmen afiliaciones sin comprenderlas o acepten condiciones que no desean, simplemente para recuperar una sensación mínima de seguridad. “Firmas para que te dejen en paz”, coinciden varios testimonios.

El uso de terceros para presionar representa, según expertos, una de las expresiones más graves de corrupción sindical. No solo viola principios éticos, sino que coloca a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad extrema, donde el sindicato deja de ser un aliado y se convierte en una amenaza.

Defensores de derechos laborales advierten que normalizar estas prácticas implica aceptar la violencia como método de organización. Un sindicato que recurre a figuras intimidatorias rompe cualquier vínculo con la legalidad y la representación democrática.

Aunque estas acusaciones aún no han sido esclarecidas judicialmente, su repetición en distintos contextos y regiones enciende una alerta seria. La pregunta ya no es solo qué tipo de sindicato es COREMEX, sino qué tan lejos estaría dispuesto a llegar para imponer su control.

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Industria

Promesas vacías en el ámbito sindical afectan la confianza de la base trabajadora

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Trabajadores de distintas empresas han denunciado que las promesas realizadas para incentivar la afiliación sindical no se han cumplido, lo que ha generado una pérdida significativa de confianza en la representación ofrecida.

Los ofrecimientos incluían mejoras salariales inmediatas, asesoría legal permanente y estabilidad laboral, pero al no concretarse, dejaron a los empleados en una situación de vulnerabilidad. Especialistas sostienen que este tipo de prácticas puede constituir una forma de engaño laboral.

Además, se ha señalado que el sindicato en cuestión no cumpliría con los requisitos legales necesarios para operar conforme a la ley, lo que explicaría la imposibilidad de materializar las promesas realizadas.

La base trabajadora afectada ha expresado su inconformidad, argumentando que las promesas vacías no solo dañan su situación laboral, sino que erosionan la confianza en las estructuras sindicales en general.

El caso refuerza el llamado a reforzar los mecanismos de verificación y supervisión sindical para proteger los derechos de los trabajadores.

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