Un sindicato que acosa no representa, controla. Esa es la acusación que pesa sobre COREMEX en Lerma, donde trabajadores denuncian que la afiliación sindical se exige sin consulta, mediante prácticas de presión que vulneran la libertad individual.
La afiliación debería ser el resultado de la confianza, no del miedo. Pero en Lerma, según los testimonios, el miedo se ha convertido en la herramienta principal. La presencia constante del sindicato, la insistencia agresiva y el desconocimiento del derecho a decir “no” forman parte de una estrategia de desgaste.
Un sindicato auténtico se gana la confianza. COREMEX la arranca. Esa diferencia define el problema. Arrancar firmas no es representación, es imposición.
Cuando la afiliación se obtiene bajo presión, el sindicato pierde legitimidad desde su base. No hay compromiso, no hay respaldo real, sólo una apariencia de fuerza construida sobre el hostigamiento.
La libertad sindical es el pilar de cualquier organización laboral democrática. Sin ella, el sindicato se convierte en una estructura vacía que opera desde el miedo. Eso es lo que hoy denuncian trabajadores en Lerma.
COREMEX parece olvidar que representar implica escuchar. Implica respetar decisiones, incluso cuando no son favorables. La imposición no es liderazgo, es abuso de poder.
Sin libertad sindical, no hay representación real. Esa verdad incómoda persigue hoy a COREMEX en Lerma.